RETOS para los BRICS después de la crisis financiera

Repercusiones de la rebeldía

Tanto el Banco de Desarrollo BRICS como el Fondo de Reservas incuban la idea de un sistema financiero internacional alterno. Dado que las economías emergentes son altamente dependientes del financiamiento para el desarrollo, los BRICS apuestan a socavar la hegemonía de los países desarrollados desde este ámbito. Al mismo tiempo pretenden favorecer el logro de otra ambición geoeconómica de este bloque: debilitar el poder hegemónico del dólar.

¿Cómo lograr esto? Utilizando sus propias monedas. Todos los financiamientos otorgados por el Banco BRICS, así como las líneas del Fondo de Reservas, estarán denominados en monedas locales de estos países. Es decir, cualquier operación financiera realizada con los BRICS se llevará a cabo en yuanes, rublos, reales, rupias o rands. Actualmente el intercambio comercial intra-BRICS ya se realiza de manera exclusiva en monedas locales.

Pero estas transacciones son limitadas, y si lo que se pretende es competir contra el dólar, el yuan sería la única moneda que podría ser competitiva globalmente en el largo plazo, pues ninguna de las otras monedas BRICS tiene el respaldo de una economía suficientemente sólida.

Medios de comunicación alrededor del mundo recibieron con un optimismo exacerbado la capacidad del Fondo de Reservas BRICS, arguyendo que en un futuro podría ofrecer un verdadero contrapeso a las decisiones de la Reserva Federal de Estados Unidos, y desde luego al FMI. Sin desestimar los esfuerzos de los BRICS, tales afirmaciones son completamente desproporcionadas.

Por otro lado, para que el Banco de Desarrollo BRICS tenga un impacto notorio como institución de financiamiento para el desarrollo, debe financiar proyectos de largo plazo que generen beneficios importantes en los países receptores de los créditos. Para ello, dichos créditos tendrían que incorporar a otros países en desarrollo y, muy probablemente, a países menos desarrollados, lo que conlleva un riesgo de recuperación elevado. Otorgar créditos para proyectos educativos, o para emprendedores, no es igual que financiar una planta hidroeléctrica o una red de carreteras.

Los BRICS pretenden financiar a otros países cuando son ellos mismos los clientes más importantes de las instituciones de financiamiento para el desarrollo. Actualmente, Brasil es el país con el mayor financiamiento otorgado por el Banco Mundial, con 47,000 mdd; China ocupa la cuarta posición con casi 33,000 mdd, seguido de India con 32,000 mdd. Rusia ocupa la decimotercera posición con 10,000 mdd y Sudáfrica la posición 42, ya que sólo recibe 1,700 mdd.

Las brechas de desarrollo entre los BRICS hacen evidente que, antes de desafiar al mundo, estos países deberán trabajar intensamente al interior de sus propios países. La economía china es 28 veces más grande que la sudafricana. En cuanto al PIB per cápita, Rusia es líder con 14,818 dólares; sin embargo, el ingreso por persona en India es diez veces menor, (1,504 dólares). La tasa de desempleo en Brasil es de 6%. En Sudáfrica, el desempleo es 4.2 veces mayor y alcanza el 25% de la población económicamente activa.

La ambición de los BRICS de constituirse como un contrapeso frente a las economías desarrolladas es válida. Sin embargo, las diferencias existentes entre sus propias economías ponen en duda su capacidad para desafiar a los mercados desarrollados, al menos en el corto plazo.